lunes, 30 de octubre de 2017

Nuevo horario de Kung Fu adultos


Un mundo infeliz pero cómodo

«La población optima esta sobre un 
modelo de Iceberg: ocho de nueve 
partes debajo de la línea de flotación, y 
una de nueve partes por encima.
 
- ¿Y ellos son felices, debajo de la línea 
de flotación en detrimento de este 
horrible trabajo? 
- Ellos no lo encuentran como tal. 
Al contrario, les gusta. Es ligero, y es de 
una simplicidad infantil. 
Sin esfuerzo excesivo ni de espíritu ni 
muscular. Siete horas y media de un 
trabajo ligero, nada cansador, y 
enseguida la ración de soma, 
deportes, copulación sin restricción, y 
el Cine Sentido. 
Que más podrían ellos pedir?
» 
Aldous Huxley
Un Mundo Feliz

Hablamos mucho de evolución, de progresión, de sociedad avanzada y de sociedad del bienestar. Nos aproximamos poco a poco a lo que entendemos por la panacea del progreso del ser humano, sin darnos cuenta de si realmente nos estamos moviendo hacia delante o hacia atrás.
Según parece, nuestro cerebro actual no difiere mucho del de nuestros antepasados que vivían en cavernas. Estamos adaptados a un mundo tecnológico que no amplifica nuestro potencial cognitivo tal y como podemos apreciar desde la lógica. Nuestro cerebro realiza el mismo procedimiento que el resto de nuestro cuerpo adaptándose al entorno en el que le ha tocado vivir.
Hasta hace poco tiempo se pensaba que el tamaño del cerebro determinaba la inteligencia de las personas. Algunos estudios han demostrado que la funcionalidad de nuestro cerebro no tiene tanto que ver con el tamaño y sí mucho con las conexiones que nuestras neuronas establecen como respuesta a una interacción entre el ambiente y nuestra genética.
Desde esta lógica parece sensato pensar que es el medio el que, de alguna forma, va modificando nuestra estructura cerebral y, derivado de ello, mejorando o empeorando algunas de las funciones que nuestro órgano principal realiza.
¿Por qué hablo de todo esto? Quizá porque no está de más recordar la necesidad de mantener un esfuerzo permanente en los campos cognitivos que pretendemos mantener en constante evolución en vez de abandonarnos a la comodidad cognitiva que nos plantea la tecnología.
La sociedad del bienestar y de la facilitación de los procesos domésticos vitales, entre muchos otros, nos está reduciendo progresivamente mientras que nuestra tecnología va incrementando exponencialmente su grado de complejidad. Este efecto simultáneo de incremento de complejidad por un lado y de deterioro progresivo por otro, nos pone frente a esa realidad innegable de la diferenciación de individuos que pueblan nuestro planeta.
Hablamos del ser humano en general, pero quizá sería más correcto abordar el análisis de esta progresión teniendo en cuenta que una parte evoluciona mucho y otra se va deteriorando mucho también. Esto nos está poniendo en una situación comprometida, cuando no catastrófica.
Si alcanzamos un futuro en el que unos pocos gestionan las áreas del conocimiento avanzado específico y otros muchos se dedican a consumir el producto de esta evolución tecnológica, en un plazo no muy grande de tiempo iremos construyendo, casi sin darnos cuenta, el mundo feliz que Aldus Huxley nos anticipaba, con un espectro aparentemente democrático de colectividades, desde los Alfa a los Epsilones, que aceptan todo aquello que les mantiene en su estructura de comodidad y placer a cambio de lo que sea. Una dictadura aceptada a cambio de goces y desahogos.
Prepararse para el esfuerzo, para asumir algunas tareas con dificultad, mejorando las opciones de comprender el esfuerzo desde pequeños; quizá esa sea la forma en la que nuestra inteligencia se transforme hacia arriba. Quizá nos equivocamos al plantear un mundo tan suave y placentero a nuestros más pequeños, cuando deberíamos ofrecerles retos permanentes y hacerles ver el placer del descubrimiento a través de esta vía de complicaciones puntuales que deben ser superadas. No hablo de competitividad o de sufrimiento inducido, hablo del valor del esfuerzo que parece ir diluyéndose un poco más cada vez que facilitamos las cosas a nuestra descendencia hasta el punto de convertirlos, sin quererlo, en verdaderos inútiles de muchas cosas.
Esta inutilidad inducida contrasta con la capacidad innata que los más pequeños demuestran hacia los elementos tecnológicos que les ofrecemos. Quizá ahora más que nunca es preciso no garantizar esa comodidad de uso hasta que las bases del esfuerzo y sus consecuencias positivas queden impresas en el alma y la mente del pequeño, por supuesto desde una acción respetuosa, afectiva y placentera para él o para ella.
La práctica que realizamos parte de esa premisa: facilita encontrar el camino evitando vías fatales, pero invita a la prueba del esfuerzo; a comprender la dificultad de muchas cosas cuando no estamos debidamente formados y a entender cómo se construye esta formación aceptando con paciencia los pasos naturales de la progresión del conocimiento, sea cual sea la rama a la que nos refiramos.
Sucumbir a la comodidad de un método que nos facilita en exceso el proceso no genera una evolución en el individuo, provoca un salto de interés sobre elementos que obedecen más a una industria que a un crecimiento saludable del ser y su comprensión de la vida. La prisa, la inmediatez y la facilidad se están imponiendo sobre la paciencia, las metas y la aceptación de las dificultades que entraña la incursión en un mundo desconocido.

No facilitemos excesivamente el territorio de exploración, no demos tantos mapas, vigilemos que no se extravíen y que no caigan en peligros que superen sus capacidades para resolverlos, pero incentivemos que busquen, que luchen, que se asocien y colaboren en descubrir sus potenciales, unos potenciales que no emergerán si el medio es tan tibio y suave como les estamos proponiendo.  

martes, 22 de agosto de 2017

Energética marcial. Factores respiratorios específicos en el ámbito del entrenamiento de las formas VI


En las entradas anteriores habíamos analizado el aparato respiratorio y los elementos ergogénicos asociados a una correcta gestión del proceso respiratorio. El aparato respiratorio es una de las tres partes en las que se divide el sistema vocal humano. Las otras dos son el Aparato fonador y el Aparato resonador.
Para nuestro entrenamiento es preciso que comprendamos también cuál es la estructura de estos dos aparatos y de qué forma intervienen en la generación del sonido.
El aparato fonador, el que  convierte el aire en sonido, se compone fundamentalmente de la laringe y las cuerdas vocales.
La musculatura de nuestra lengua, así como la articulación de diferentes modulaciones de entrada y salida de aire desde la glotis, por la interacción al nivel de la laringe de los dos pares de cuerdas vocales, nos permiten generar diferentes sonidos de gran precisión.
Es el aparato resonador el que transforma el sonido básico fonador en el timbre particular de nuestra voz. Está formado por las oquedades de las diferentes estructuras situadas por encima de las cuerdas vocales.
Estos espacios son: lariongofaringeo, bucofaríngeo, máscara, paladar óseo, nasofaríngeo, fosas nasales,  y senos nasales:

Para aprender, definir y gestionar bien el sonido emitido en cada momento de la forma tenemos que conocer bien su clasificación y poder centrarnos en lo que ésta nos indica en términos de producción limpia del sonido. En canto, la clasificación de la voz se realiza en base a su color y tesitura.
Definimos el color como la característica acústica propia de cada voz atendiendo al número de armónicos con el que cuenta el sonido fundamental emitido. Este color se señala habitualmente como opaco, brillante, claro u oscuro.
La tesitura es el ámbito asimilable a la escala musical que puede alcanzar una persona. Nos referimos a las notas. Una persona normal puede moverse en torno a las 8 o 10 notas. En el ámbito profesional se puede aumentar esta cantidad hasta 12
Partiendo de la tesitura más aguda a la más grave, podemos establecer una clasificación de las voces en el ámbito masculino de tenor, barítono y bajo, y en el ámbito femenino de soprano, mezzo-soprano y contralto.
Para la ejecución de los sonidos en las formas no necesitamos ser sopranos o tenores. Basta con trabajar en nuestro rango natural de voz para que el sonido que produzcamos guarde relación con nuestra memoria vibracional ancestral. Nuestra anatomía fonadora y resonadora nos va a permitir emitir el sonido que corresponda a nuestra naturaleza. Esto justifica que no imitemos absolutamente la sonorización de otros maestros ya que puede no corresponderse en absoluto con nuestro registro personal de sonidos.
Debemos redirigir entonces nuestra atención a la utilización de las vocales y las consonantes en la producción del sonido y, sobre todo, a lograr descifrar el tono, timbre, intensidad y duración del sonido.
Las vocales son la producción más pura de sonido y vienen definidas por un espectro propio mientras que las consonantes están establecidas más como ruidos de dos tipos:
- Silenciosas: sin intervención de las cuerdas vocales en su producción.
- Habladas: con intervención de las cuerdas vocales en su producción.
Las primeras sonorizaciones que abordamos en la práctica de las formas de Hung Gar Kuen son Wah y Hei. Leídas así parece que una simple pronunciación de ambas palabras es suficiente durante la acción. Nos encontramos en la base del tema que vamos a desarrollar.
Uno de estos dos sonidos está inicialmente asociados a acciones de golpear (Hei o Hai, dependiendo de la rama o escuela a la que nos refiramos), el otro (Waahh) está vinculado a las acciones de garra en cualquiera de sus formas. Aquí deberían empezar nuestras preguntas: ¿Por qué Hei o Hai para golpear y Waahh para acciones de garra? Vamos a ello.
Para entender la lógica de estos sonidos tenemos que establecer inicialmente una modulación asociada a la zona de resonancia corporal a la que afecta una vocal u otra en su emisión. Igualmente tenemos que comprender de qué forma afecta a esta vibración la utilización de la consonante H (se usaría como la H inglesa en la palabra “horse”), y cómo afecta a la vocal la consonante W (se usaría como la W inglesa en la palabra “war”, U y A como veremos más adelante).
Las vocales se articulan en nuestra cavidad bucal siguiendo un esquema conocido como Triángulo de Hellwag, en el que se aprecia la posición de la lengua en cada pronunciación.
Configuración del triángulo de Hellwag
Durante la espiración, esta colocación de la lengua, así como su apoyo labial, producirá una emisión sonora hacia el exterior y también hacia el interior. Dependiendo de su potencia sonora, el efecto de esta vibración será mayor o menor en términos de energía.
Esta energía vibracional hacia el interior generará un efecto directo sobre el emisor del sonido, en este caso el artista marcial, y otro diferente hacia el exterior, el posible oponente o el grupo con el que estemos practicando. En ambos casos tenemos que poner atención al sistema de transmisión del sonido y los elementos concretos que quedan afectados de una forma u otra por esta vibración transmitida.
Estamos hablando de dos medios de propagación del sonido. Uno aéreo hacia el exterior que llegará a nuestros oídos y al oído de los que nos acompañan, y otro óseo hacia el interior que igualmente llegará a nuestros oídos a través del nervio vestíbulo coclear del oído interno. En ambos casos, nuestro oído cumple una función de transductor convirtiendo el sonido en un impulso eléctrico que acaba llegando a nuestro cerebro produciendo efectos sobre él.
Esquema detallado del oído
Cuando escuchamos determinadas canciones o música instrumental, podemos observar que nuestro estado de ánimo queda afectado por ese sonido de una forma u otra. Algunas canciones nos alegran, otras nos entristecen o agobian. Hay músicas que nos ayudan a concentrarnos y otras que nos dispersan el pensamiento más de lo que nos gustaría. El sonido tiene una acción innegable sobre nuestro cerebro y eso quiere decir que, de una forma u otra, tiene una influencia completa sobre nosotros.
Esta resonancia hacia el cerebro tiene su reflejo en los órganos y en el sistema glandular, algo que a nivel ergogénico podemos asociar claramente con nuestro rendimiento físico y psíquico.
Algunos sistemas como el Kotodama, el Mantrayana o el Kiai japonés, comparten esta filosofía de acción sobre los centros energéticos a través del sonido.
Esquema relacionado de sonidos del Kotodama y la estructura de los 8 trigramas del I Ching
En el ámbito de las artes marciales chinas, debemos abordar estas resonancias, no solo a un nivel glandular o cerebral, también debemos hacerlo sobre los diferentes puntos de acunpuntura que representan los focos energéticos descritos por estos otros sistemas como gestores de nuestra energía.
http://tainostrum.blogspot.com.es/
Si observamos el cuadro anterior podremos apreciar que E e I están juntas en el orden de organización de las vocales, en concreto en la parte superior del cuerpo. Al introducir la H en la pronunciación, hay una variación en la laringe fácilmente apreciable al pronunciar la E sola y la H+E. Lo mismo ocurre con la I. En ambos casos el sonido tiene un carácter ascendente, la I y la E quieren subir, pero la acción de la H hace descender el sonido para que la acción sea simultánea entre subida y bajada. Esto permite establecer una línea media del sonido que circula vibracionalmente hacia los brazos desde la cintura escapular. El sonido no se hunde definitivamente ni se eleva fuera de nosotros. Simplemente es comprimido entre la E y la I gracias a la H inicial que sitúa el foco de afectación vibracional en la parte superior del cuerpo.
Sin embargo, Waahh, podemos descomponerlo en U y A. En este caso estamos viendo los dos extremos anatómicos en un mismo sonido. Esto nos muestra una intención ascendente que atraviesa completamente la columna desde la U a la A, con un final contenido en la H que vuelve a dirigir la energía desde la cintura escapular hacia los brazos, pero en este caso con una acción que exige energía en los dedos por la naturaleza propia de las técnicas de garras.
En MTC, la transferencia de energía Yin a Yang ocurre en las terminaciones de los dedos. Estos precisan de mucha energía, tanto en lo relativo a la fuerza de tracción, como en lo relativo a la resistencia de sus tejidos conectivos de cara a una acción de desgarro. En la forma el entrenamiento isométrico sobre las garras es de gran importancia para la construcción de unos tejidos lo suficientemente fuertes como para soportar este tipo de fuerzas. Esta acción, por lo tanto, además de necesitar la energía cinética propia de un golpe, también requiere la sutil acción energética acentuada en los dedos, parte anatómica realmente vulnerable en el combate por su propia estructura fina y poco musculada.
Terminaciones de los canales de acupuntura en los dedos
El foco de acción en las técnicas de garra va a múltiples segmentos anatómicos, pero la fuerza es canalizada desde el suelo a los dedos atravesando todo el cuerpo. El sonido debe durar todo lo que dura la acción, tanto en el golpe (Hei) como en la garra (Waah), para dotar a la técnica de la máxima potencia útil posible. Es por lo tanto la duración de la ejecución la que determinará la duración del sonido en ambos casos. Parece lógico entender que la velocidad de la acción será explosiva y, por lo tanto, el sonido, su potencia y su duración deben serlo igualmente.
Diferentes estudios como los de Ikai y Steninhaus (1961) demuestran que la emisión de sonidos durante una acción concreta generará una acción reductora de los mecanismos inhibitorios de la contracción muscular. Otros estudios como el de Zamora y Salazar (2002) señalan  que el grito puede afectar de forma positiva sobre destrezas específicas. En cualquier caso, la utilización de este recurso es muy antigua en la práctica de las artes marciales y es el fruto de un desarrollo práctico sobre las necesidades reales del combate y del entrenamiento integral del artista marcial.

En la siguiente entrada abordaremos el análisis de los restantes sonidos propios del estilo así como el sentido de su entrenamiento y algunas recomendaciones de base para abordar este fascinante y complejo apartado de la práctica.