miércoles, 9 de agosto de 2017

Energética marcial. Factores respiratorios específicos en el ámbito del entrenamiento de las formas IV

Aunque hablar de fases respiratorias pueda parecer una perogrullada que, a simple vista, no necesite más explicación, entender su sentido dentro de la práctica de las formas sí exige, cuando menos, una interpretación óptima de los beneficios que puede contener la adaptación de estas fases a las correspondientes del movimiento corporal en la forma. La técnica también evoluciona en fases y es posible optimizar esta sinergia para aumentar el potencial energético de la técnica en su conjunto.
Respiramos sin tener que pensar en ello. Esta respiración autónoma responde a las instrucciones que emite nuestro tronco encefálico. Es éste, en su análisis permanente de los niveles de dióxido de carbono y de oxígeno en el flujo sanguíneo, el que mantiene la homeostasis respiratoria aumentando o disminuyendo la actividad del corazón y los pulmones, fundamentalmente, en  base a la demanda de producción de energía que genera la actividad.
Nacimos con una inspiración y moriremos exhalando. Nuestra vida está contenida, nos guste o no, entre estas dos fases. Ambas contienen en sí mismas un pequeño espacio sin respiración. Estos dos espacios vacíos sin respiración se denominan «apneas». En cada caso hablaríamos de apnea post inspiratoria (si nos referimos al momento posterior a la inspiración) y apnea post espiratoria (en el momento posterior a la espiración). Una apnea es un estado de no respiración pulmonar.
En la práctica marcial esta «no respiración» es tan importante como las dos fases respiratorias básicas (inspiración/espiración). Nos encontramos por lo tanto con una respiración que puede tener dos fases o tres, o cuatro, según sea el caso.
Estudiar los momentos de apnea resulta arto interesante en la exploración del hábito respiratorio dentro del ejercicio por múltiples motivos. Las fases de inspiración y espiración tienen aparejadas, cada una de ellas, una serie de implicaciones estructurales diferentes que permiten, facilitan, impiden o dificultan, en cada caso, diferentes posibilidades de acción.
El trabajo respiratorio tradicional, en las artes marciales chinas, no parte de esta conceptualización sino que se centra en el modelo nuclear por el que, de alguna manera, se rige toda la estructura marcial en su conjunto. Hablamos del Taijitu, o lo que vulgarmente se conoce como símbolo del yin y el yang.

Según las bases de la medicina tradicional china (MTC), todo lo que existe en nuestro universo material queda reflejado en esencia en este símbolo nuclear arquetípico, un símbolo que enmarca lo existente sobre un modelo subyacente de opuestos en equilibro. Hablar aquí de yin y yang es necesario pese a la relatividad permanente de este modelo dinámico. Su representación refleja un momento ideal de observación, un momento en el que se constituye el estado de máximo equilibrio entre los opuestos complementarios que contienen, a su vez, el germen de su inverso.
Yin y yang son un modelo simbólico aplicable a las fases del movimiento de los astros, a la estructura de movimiento de los átomos y de sus partículas, a la estructura de configuración de nuestros sexos, o, entre otros millones de posibles representaciones, a nuestra forma de respirar. Conectamos desde el interior con lo exterior a través de nuestros pulmones. Éstos extraen la energía del aire para devolverle posteriormente el residuo derivado de este proceso.
Estamos claramente ante un modelo que pulsa constantemente y que, ligado al movimiento de nuestra circulación sanguínea, aparece como una clara representación de esta alternancia de lleno y vacío que constituye este símbolo gráfico ancestral.
Entenderemos por tanto que la fase de llenado de nuestros pulmones será una fase en la que se incrementa el vacío de ellos, es decir, estructuralmente crece el yang al inspirar, somos más vacíos de alguna forma. Sin embargo, funcionalmente, cuando inspiramos estamos adquiriendo algo, conteniendo algo, manteniendo algo en nuestro interior, esto es una característica potencialmente yin del gesto respiratorio. Puede parecer contradictorio, pero ya tratamos en otras ocasiones la relatividad permanente de estos conceptos.
De la misma forma, al exhalar somos más densos. Estructuralmente aumentamos el yin, expulsamos aire de nuestros pulmones y eso hace que nuestra estructura esté menos hueca. Sin embargo, al exhalar estamos dando algo, desprendiéndonos de algo, emitiendo hacia el exterior en vez de llenar el interior. Funcionalmente esta característica es potencialmente yang.
Todo el aparato respiratorio, en su conjunto, obedece a este principio de fases y responde según la demanda de la actividad que estamos realizando. Estas actividades las clasificamos en base a su afectación respiratoria en:
  • Acciones motrices
  • Acciones emocionales
  • Acciones mentales

Hablamos de tres territorios diferentes y de modelos de respiración distintos para cada caso en concreto.
En el trabajo de las formas buscamos que el factor emocional se reduzca al máximo centrándonos potencialmente en los elementos de motricidad estructural y de intención mental. Cada una de sus técnicas está ligada a la que le antecede o a la que le precede en un flujo de acción continuo, que comienza con el saludo de la forma y termina de la misma manera. Cada técnica, por lo tanto, comienza, permanece y termina en una estructura de fases que implica un comienzo y un final con un espacio intermedio en el que queda claramente definida la estructura que nos permite reconocerla.
Diferentes fases dentro de la aplicación
El modelo de los antiguos manuales marciales es un claro ejemplo de esto ya que, como podemos ver en estas ilustraciones, cada imagen representada no es un detalle de ejecución sino un reflejo de este momento intermedio característico de la técnica.
Fuente de la imagen
Podemos identificar la técnica pero difícilmente podemos apreciar los detalles de nacimiento y transformación de la situación sin la debida guía del maestro o del profesor. Una guía que complemente el proceso de aprendizaje con el antes y el después de ese dibujo reflejado de forma referente en el manual. Los nuevos manuales, en algunos casos, evitan esto para ser más detallados en la instrucción de la acción. Aunque en el nuevo universo tecnológico esto puede parecer un anacronismo, cualquiera que haya trabajado los detalles de estructura con estos manuales comprenderá la utilidad que tienen para un estudio más detenido de lo que aprendemos en las artes marciales.
Volvamos a la imagen característica de la técnica. Esta representación nos muestra la técnica en su momento máximo de aplicación conteniendo el aspecto defensivo y ofensivo máximo antes de transformarse en la siguiente técnica. 

Es en este momento donde podemos analizar la aplicación de la fuerza máxima (fase de conclusión) y la definición de conjunto de los elementos estructurales y sutiles que participan en ese momento de la acción. Para poder deducir con eficacia todo el trayecto respiratorio óptimo que debe acompañar a la técnica en su discurrir de entrada, definición y salida de su momento dentro de la forma, debemos estudiar también el diseño de posicionamiento, desplazamiento y trayectoria del conjunto anatómico durante toda la acción. En definitiva, el momento definitivo de la técnica, su imagen más representativa, nos aporta una gran cantidad de información sobre su exigencia energética pero, de la misma manera, el trayecto de entrada y de salida también nos enseñan como respirar para entrar con el máximo potencial de efectividad y cómo salir de la técnica sin perderlo.
Cada técnica en ese estado de definición identificable es potencialmente ofensiva. Es verdad que mantendrá su carácter defensivo parcial complementario, pero su definición final es el conjunto aplicado a la finalización de la situación en la que nos encontramos frente a un oponente.
En otros artículos de nuestro blog hemos hablado de las múltiples posibilidades de aplicación que tiene cada una de las técnicas contenidas en las formas. De cómo, cambiando simplemente una situación o una posición, una misma técnica cambia de intencionalidad, de aplicación y de resultado. Esto es fundamental que lo entendamos para comprender la esencia arquetípica de cada movimiento, su verdadero sentido consustancial. Toda la riqueza, todo el potencial contenido en ese momento tiene un compañero simbólico de aplicación: «el modelo respiratorio».
Podríamos concretar que la constitución nuclear del movimiento en fases potencialmente yin y potencialmente yang nos debería aproximar a enmarcar la respiración correspondiente en esas mismas fases. ¡Cuidado!, tenemos que aplicar muchos matices a esta reflexión aunque no va desencaminada del todo. Puede resultar más que evidente que hacerlo de esta forma nos permite mantener un ritmo vinculado a la propia estructura de encadenamiento dentro de la forma, pero también debemos incluir el detalle respiratorio óptimo para cada fase de la acción atendiendo a la acumulación y emisión de energía dentro de la técnica.
La técnica comienza con una acción defensiva que abre un potencial de contraataque, realiza el contraataque y propone una salida ante una eventual falta de éxito en el modelo, o hacia otra acción inmediata fruto del aguante del mismo oponente o del surgimiento de otro oponente diferente.
No podemos simplificar plenamente esta armonización respiratoria de fases, pero podemos entender fácilmente que la primera fase de la acción será potencialmente inspiratoria. Obtenemos la energía en el instante de la acción defensiva que nos abre el contraataque. Consolidamos o aumentamos la presión durante la fijación de la estructura de aplicación de la fuerza en una contención, o apnea post inspiratoria, que tendrá la duración que la velocidad de la acción le requiera. A partir de esa inspiración y contención rápida, la aplicación final de la fuerza terminará con una fase de exhalación que nos permita conectar la siguiente técnica inspirando nuevamente.
El momento de inhalación tiene un componente estructural que variará si realizamos una respiración potencialmente abdominal o potencialmente torácica. La cantidad de aire que tomemos tendrá que obedecer al ritmo e intensidad de la acción. Esto nos obliga también a revisar de qué forma obtenemos el aire (boca o nariz) y cómo intervienen en la regulación de esa velocidad respiratoria los frenos oclusivos y los frenos retentivos naturales que se producen en cada momento de la acción por varios motivos: optimizar su funcionamiento, reducir al máximo sus tiempos naturales o, incluso, aprovechar su educación o entrenamiento concreto para hacerlos partícipes de la estructura de protección o de entrega de potencia en el final de la técnica.
Estos frenos actúan como mecanismos anatómicos que participan en detener la respiración de forma voluntaria o involuntaria. Los frenos oclusivos son aquellos que nos permiten bloquear el flujo respiratorio, los que impiden o limitan a modo de válvula entrar o salir, según nos convenga en cada caso, el aire que respiramos. Será el que más utilicemos para regular nuestro flujo respiratorio en virtud a la necesidad de compresión o de flujo que la técnica nos proponga. Este tipo de frenos (glotis, lengua, labios) nos ayudan a regular el caudal de aire según lo decidamos dentro del movimiento. Aunque veremos este apartado con más detalle en la próxima entrada sobre las sonorizaciones, es importante que entendamos que la regulación del ritmo y aplicación de la técnica tiene que armonizarse con todos los actores que intervienen anatómicamente en la regulación del ritmo respiratorio.
En el caso de los frenos retentivos nos referimos a la acción voluntaria sobre los músculos inspiradores evitando el retorno elástico del pulmón. Este modelo lo utilizaremos mucho menos por la implicación que tiene sobre la apertura de las costillas y su repercusión sobre la espina dorsal. No podemos olvidar que muchos de los trabajos de desarrollo de Tie Bu Shan  (camisa de hierro), dependen de aumentar el potencial de cierre, contracción y acumulación energética fascial en la estructura de la caja torácica, algo que no es el objeto de esta entrada, pero que entra en conflicto con la idea de mantener, dentro de la acción, la parrilla costal abierta.
Todo este planteamiento puede resultar óptimo en el modelo de respiración para la primera estructura de las tres que tratábamos en la entrada anterior de esta serie, que eran:
  1. Relativa a la ejecución intensa de las cadenas de movimientos sin que medie un instante concreto de reposo.
  2. Relativa a las técnicas potencialmente respiratorias en diferentes partes del Taolu
  3. Relativa a secuencias completas de Qí Gong dentro de la forma

Los otros dos modelos son potencialmente estructura de Qí Gong y, por lo tanto, sus lógicas respiratorias requieren de un análisis mucho más profundo que el meramente asociado a la intención marcial del movimiento y su repercusión, o dependencia musculo esquelética.
En este apartado nos limitaremos a establecer algunas generalidades que deben ser contrastadas con los maestros de cada escuela para ajustar o descartar lo que proceda según el trabajo que se está realizando.
Cuando detenemos el flujo de técnicas de una forma para iniciar una serie repetitiva de movimientos relacionados con la respiración debemos prestar atención a dos parámetros concretos. El primero es que la forma debería incluir, o bien una acción bilateral de ambos brazos en los gestos asociados a la respiración, o bien debe realizar esa acción bilateral en dos momentos unilaterales separados de la forma, pero siempre incluir ambas lateralidades en la secuencia, juntas o separadas. 
Dos ejemplos de cada caso
El segundo parámetro será la definición yin o yang del movimiento en asociación con la acción yin o yang respiratoria. Sobre este tema hemos encontrado múltiples interpretaciones respecto a la fase concéntrica del movimiento y su particular acción de los músculos espiradores y sobre la fase excéntrica del movimiento y la acción relacionada de los músculos inspiradores.
En estos casos no podemos fijarnos exclusivamente en la participación de la musculatura respiratoria que, aunque en esencia resulta fundamental, pasa a un segundo plano sobre la estructuración anatómica específica, que estará enfocada mayoritariamente a definir los trayectos de los canales energéticos sobre los que queremos incrementar nuestro potencial de sensibilidad consciente.

La fase de inhalación es una fase de dirección de la energía, en una gran cantidad de ejercicios de Qí Gong, hacia el Dantian inferior. Es un punto en el que la consciencia de inspiración está asociada a la de dirigir la energía hacia el centro energético fundamental de nuestro arco inferior. La fase de exhalación es una fase de dirección de la energía hacia los puntos de transferencia según sea la intención del ejercicio. En muchos casos se busca la extensión de los brazos para los puntos de transferencia en los dedos o la expansión general hacia las cuatro extremidades desde el Dantian inferior como si de una gran pulsión se tratara.
Centros energéticos
En algunos casos, la conciencia no se traduce en una pulsión sino en un recorrido interior entre los dos canales extraordinarios (Ren Mai/Du Mai) en los que la conciencia de la respiración estará vinculada a una conciencia de ascenso o descenso energético en el trayecto de dichos canales. Esta acción tendrá una finalidad de regulación y de armonización de los efectos que las fases anteriores de la forma, antes de llegar al descanso respiratorio, hayan provocado a nivel energético. Una regulación que tendrá una influencia directa sobre el plano mental (concentración) y el plano emocional (regulación del flujo energético homeostático sutil entre 5 elementos). 

En este caso prestaremos especial atención a una respiración nasal, tanto en inspiración como en espiración, y un posicionamiento de la lengua en el velo del paladar para establecer correctamente la conexión entre estos dos canales extraordinarios.

Dado que estos detalles específicos corresponden a cada escuela, cada estilo y cada maestro, solo señalamos esta información como referencia orientativa para un estudio más detallado de cada elemento descrito.
Las cuestiones específicas sobre este tema deben aclararse de forma efectiva en las sesiones de entrenamiento directamente con el profesor que las dirige. Es muy importante no intervenir en este punto sin la oportuna dirección experimentada que evite problemas de salud asociados a una mala gestión de la respiración en las fases de Qí Gong.

En nuestra próxima entrada nos centraremos en el análisis de los sonidos y su complejo desarrollo partiendo de las estructuras básicas tradicionales, así como los efectos energéticos que unos sonidos u otros tienen sobre el movimiento energético en la forma.

martes, 1 de agosto de 2017

Energética marcial. Factores respiratorios específicos en el ámbito del entrenamiento de las formas III

Gran maestro de Hung Gar Kuen Chiu Wai
Comenzaremos por estudiar los tipos de respiración y los detalles concretos implicados para cada caso, así como un análisis de cómo aplicar estos elementos de manera práctica en el entrenamiento de las formas.
Partiendo de la clasificación inicial que hicimos en cuanto a duración e intensidad de la acción podemos dividir el conjunto de formas en dos apartados claramente diferenciados que, por su propia naturaleza, tendrán abordajes de entrenamiento diferentes. También, por su necesidad conjunta de entrenamiento, tendrán que integrarse en un plan general de práctica de forma diferente pero sinérgica dentro de las máximas posibilidades de aplicación de este principio. Estos dos apartados serían:
  • Formas cortas (alto componente básico de fundamentos estructurales)
  • Formas largas (alto componente técnico y fundamentos bioenergéticos/Qì gong)

El comienzo de nuestra práctica marcial parte del aprendizaje de las rutinas cortas con una gran definición técnica estructural en cuanto a posiciones de piernas, desplazamientos, psicomotricidad, trayectorias, definición postural, direccionalidad, articulación dinámica y más detalles precisos que definimos de forma habitual en cada sesión.
Este periodo inicial de entrenamiento, que para cada persona ocupa un espacio de tiempo delimitado (meses/años), evoluciona desde un trabajo lento, minucioso y repetitivo, a un trabajo rápido, concreto y explosivo. Esta evolución gradual implica también una adaptación progresiva en términos fisiológicos que involucra, cada vez más, a las vías metabólicas de producción de energía y, por supuesto, la mecánica respiratoria global.
La mecánica normal respiratoria consiste en la acción de entrada y salida de aire en los pulmones como respuesta a las diferencias de presión entre el interior de los pulmones y la atmósfera. Cuando en los espacios alveolares la presión es menor que la presión atmosférica, se produce de forma natural la inspiración. Cuando la presión de aire en los alveolos es mayor que la atmosférica se produce la espiración. Todo esto ocurre a diferentes ritmos y velocidades según el tipo de ejercicio que estemos realizando.
Imagen fuente
Esta mecánica respiratoria se desarrolla en fases vinculadas a los tres segmentos anatómicos concretos que ya hemos citado anteriormente: una fase abdominal en la que el diafragma participa activamente en el cambio de presión de los pulmones para forzar la inhalación, otra fase torácica en la que nuestra estructura costal amplía su espacio provocando más cambio de presión en la bolsa pulmonar y, por último, una fase clavicular, relativamente independiente del conjunto de la parrilla costal que eleva el gesto respiratorio hasta las proximidades del punto de toma del aire. En el siguiente dibujo  podemos apreciar la estructura interna de nuestros pulmones y estos segmentos a los que nos referimos:
Imagen fuente
Estas fases se definen en base al conjunto muscular que provoca el incremento del volumen de la caja torácica y con ello el incremento de la presión negativa en los pulmones. Podemos dividir estos músculos en:
1.- Productores de fase
  • Inspiración: Diafragma e intercostales externos
  • Espiración: Retracción elástica del pulmón y tensión superficial alveolar (fundamentalmente sin productores musculares)

2.- Facilitadores de fase
  • Inspiración: Todos los dilatadores de la faringe (geniogloso, tirohioideo, geniohioideo, esternotiroideo y periestafilino interno)
  • Espiración: Intercostales externos

3.- Accesorios de fase
  • Inspiración: Esternocleidomastoideo, escalenos, pectorales, serratos y trapecios.
  • Espiración: Abdominales recto, oblicuo y transverso y, en otro orden, triangular del esternón. 

En suma podemos simplificar este detalle en la idea de que en la respiración abdominal interviene potencialmente la musculatura del diafragma y la musculatura abdominal que hace descender la caja torácica. En la respiración torácica intervienen potencialmente los músculos intercostales y, por último, en la respiración clavicular intervienen potencialmente los músculos del cuello.
Al igual que ocurría con la superposición de las vías metabólicas, podemos afirmar que  todos pueden participar, en mayor o menor medida, en cada una de las fases.
Esta acción conjunta unificada, en el caso del esfuerzo correspondiente a una actividad física como la nuestra, se optimiza a través del entrenamiento para conseguir el mejor caudal respiratorio y, por ende, uno de los elementos clave de nuestro potencial energético.
Para medir estas capacidades partimos de una serie de valores estandarizados que nos permiten concluir nuestras capacidades básicas y su potencial de progresión en base a un entrenamiento apropiado. Estos valores son:
  1. Volumen de respiración en reposo: Total de aire que movemos en cada respiración (inspiración/espiración) en estado de reposo (aproximadamente 500 mL)
  2. Volumen de reserva de inspiración: Total de aire que introducimos normalmente con cada inspiración (aproximadamente entre 2500 mL y 3000 mL)
  3. Volumen de reserva de espiración: Total de aire que expulsamos normalmente con cada espiración (aproximadamente 1200 mL)
  4. Volumen residual respiratorio: Total de aire que queda en los pulmones al finalizar una expiración profunda (aproximadamente 1200 mL)

En base a estos cuatro valores podemos definir las siguientes capacidades pulmonares:
  • Capacidad total de los pulmones: Cantidad total de aire que hay en los pulmones después de una inspiración máxima (aproximadamente 5400 mL)
  • Capacidad vital pulmonar: Es la cantidad máxima de aire que podemos exhalar después de una inspiración máxima (aproximadamente 4200 mL)

Las cantidades reflejadas en este cuadro son orientativas y habría que ajustarlas según la edad, sexo y condición física de cada persona.
Amplificar estas capacidades depende de nuestro entrenamiento sobre las musculaturas que propician la llegada hasta nuestros límites reales y, sobre todo, de nuestra capacidad final de integrar todo el proceso en un gesto respiratorio óptimo en cuanto a orden y progresión. Veamos a qué nos referimos.
Es muy habitual, sobre todo en los estilos internos de las artes marciales chinas, hablar de respiración abdominal normal, respiración abdominal inversa y otros tipos de respiraciones. Es vital que comprendamos que el mecanismo sobre el que queremos poner énfasis, en cada caso, tiene que ver con tres objetivos concretos:
  1. Ampliar la capacidad respiratoria
  2. Aumentar la presión interior
  3. Hacer descender el centro de gravedad

Hemos resaltado la función de adaptación muscular respiratoria que conlleva el mero ejercicio de las formas. Resulta fundamental que en las primeras fases del entrenamiento no se trate el tema de la respiración en términos de abdominal (cualesquiera de ellas), torácica, clavicular o completa. Necesitamos que el gesto respiratorio sea lo más natural posible. Aumentaremos el detalle sobre este punto a medida que la intensidad del ejercicio y el nivel de interiorización de los movimientos por parte del practicante vayan evolucionando a lo largo de su práctica.
Veremos esto con más detalle en el apartado relativo a las fases respiratorias ya que serán el primer punto que tendremos que fijar dentro de la acción de cada movimiento. De momento sigamos analizando los tipos de respiración y cómo afectan al ejercicio.
Partiendo de una comprensión clara de nuestros límites, de la anatomía que interviene en el gesto, de cuál es la mecánica de la respiración y de cómo le afectan nuestras posturas, debemos abordar la instrucción respiratoria con gran cantidad de detalle y con un análisis muy esmerado de sensaciones y ajustes por parte del profesor y del alumno.
Las formas cortas, como mencionábamos al principio de este post, tienen un importante input estructural y el factor respiratorio muy integrado en el conjunto del ejercicio, sin embargo, por muy corto que sea el Taolu en nuestros estilos, todos anuncian la necesidad de prestar atención a un momento respiratorio específico.
Esto ocurre de forma habitual en las formas superiores que incluyen, en algunos casos, secuencias completas de Qí Gong.
Por lo tanto, debemos establecer tres modelos respiratorios fundamentales en las formas:
1.- Relativo a la ejecución intensa de las cadenas de movimientos sin que medie un instante concreto de reposo.
En estos casos nuestra respiración tendrá la dinámica lógica respiratoria de la fase torácica sin perjuicio de que intervengan en menor implicación las restantes fases según el cuerpo lo demande. Este énfasis en la respiración torácica parte de un mecanismo directo que requiere velocidad de inspiración y de espiración, dando más énfasis a la velocidad de intercambio de aire que a la capacidad total de los pulmones, más propia de ejercicios de larga duración con una base metabólica con mayor intervención del oxígeno (fosforilación oxidativa). En este apartado insistimos que será muy importante la definición de las fases respiratorias para mejorar el rendimiento.
Cabe preguntarse por qué en un ejercicio de apenas un minuto le damos tanta importancia a la respiración cuando las vías metabólicas activas potencialmente serán la de los fosfágenos y la glucolítica. En este punto debemos aclarar que no podemos aislar el momento metabólico de un Taolu específico del conjunto de la sesión de entrenamiento que, sin lugar a dudas, tendrá un componente de tiempo e intensidad distinto absolutamente a la mera ejecución de la forma con una sola repetición. Ahondaremos con más detalle en esta cuestión en las siguientes entradas de esta serie.
En lo relativo a la estructura, el movimiento continuo de los brazos, de forma alternativa, en ángulos cerrados o abiertos, lineales o circulares, conectados con las piernas de forma directa o en torsión del tronco, ayudará al estiramiento progresivo de la musculatura implicada en esta forma de respiración. No podemos olvidar que cualquier músculo ejercitado es susceptible de adaptación y es preciso que, en ese proceso adaptativo, regulemos el índice de contracción y la capacidad de elongación sin que ambos elementos entren en conflicto.
El carácter balístico de las formas, en cuanto a desarrollo de máximas amplitudes de movimientos interconectados entre las diferentes cadenas musculares, garantiza de por sí una adaptación muscular óptima para el gesto respiratorio, acorde al resto del tono muscular implicado en el conjunto de la acción. Volvemos a insistir en la importancia que tendrá en este punto el estudio concreto de las fases respiratorias en relación a las fases del movimiento.
2.- Relativo a las técnicas potencialmente respiratorias en diferentes partes del Taolu.
Cuando la forma detiene una cadena para hacer ejercicios de respiración debemos entender de forma muy precisa qué estamos haciendo en ese momento.
Es muy habitual ver en formas competitivas cómo, al llegar a estos momentos técnicos respiratorios, los atletas muestran un gesto tenso y feroz mientras ejecutan un acto que debería tener otros componentes muy diferentes. La práctica tradicional va por otra vía en la ejecución de esos momentos.
El momento de fijación de la posición y de realizar diversas respiraciones estirando el brazo y con un gesto específico en la mano, es un momento de recuperación dentro de la forma para recobrar la capacidad de explosividad con la que queremos ejecutar el siguiente tramo de técnicas encadenadas. No es un momento de incremento de la tensión sino todo lo contrario. Es el momento de recuperar el aliento amplificando la respiración de forma consciente. Este es uno de los casos en los que pasamos directamente de una fase respiratoria exclusivamente torácica a una fase respiratoria potencialmente completa.
Implicamos en ella la estructura del suelo pélvico, del abdomen, del diafragma, del tórax y de la cintura clavicular para aumentar considerablemente la capacidad pulmonar con diferentes objetivos. Detallamos aquí algunos de ellos a título orientativo:
  • Reducir el ritmo del corazón
  • Aliviar la tensión del ejercicio
  • Relajar la musculatura torácica enormemente solicitada antes y después de la parada
  • Refocalizar la mente en la conciencia del movimiento exterior e interior
  • Retomar el ritmo respiratorio óptimo y sus fases
  • Movilizar las vísceras contraídas durante las cadenas previas
  • Reposicionar la base estructural y hacer descender el concentrándolo de nuevo en el Dantian
  • Intensificar la conciencia anatómica de los canales energéticos correspondientes fundamentalmente al pulmón e intestino grueso (veremos este apartado en futuros post sobre MTC relativos a la bioenergética de las formas)

3.- Relativo a secuencias completas de Qí Gong dentro de la forma.
Al comienzo de las formas superiores nos encontramos con secuencias respiratorias complejas. Estas secuencias tienen estructuras corporales muy definidas que apoyan la participación de las fases respiratorias de una forma bastante completa.
Nos encontramos con un apartado respiratorio que no está concretamente relacionado con nuestro potencial de ejecución de la forma sino con aspectos muchos más profundos del arte. No podemos entrar en detalles específicos propios de las sesiones de entrenamiento, pero sí podemos tratar la filosofía de este apartado que será de gran utilidad para aquellos que estudien estas formas desde un plano interno, algo imprescindible si queremos que sirvan para algo.
Al tratarse de ejercicios de Qí Gong específicos, deben realizarse según las indicaciones estructurales del profesor partiendo de instrucciones concretas sobre las fases de inspiración y espiración. Los movimientos de los brazos tendrán funciones de apoyo a la anatomía respiratoria facilitando la apertura o cierre de las estructuras implicadas en la respiración, tanto musculares como articulares.  También tendrán funciones de apoyo al incremento de conciencia sobre los segmentos anatómicos vinculados a canalizaciones energéticas precisas.
Los procedimientos de torsión, extensión, contracción y focalización están íntimamente vinculados con la necesidad de fijar una estrecha relación entre el tejido conectivo global y articular, la musculatura y la respiración. Es este conjunto de elementos debidamente enlazados el que tendrá la última palabra a la hora de producir potencia en las estructuras marciales de la forma.
Cada estilo unifica estos elementos dentro de sus estructuras otorgándoles unas movilizaciones diferentes para producir el tipo de potencia que sus técnicas van a requerir. El caso del Chan Si Gong del Chen Shi Taijiquan es un ejemplo de este modelo dinámico desarrollado para generar un tipo de potencia muy concreta necesaria para la táctica y técnica del estilo.
Trayectorias de movimientos de mano en Chan Si Gong
Estos estilos añaden trabajos complementarios de desarrollo energético que, si bien aparecen entretejidos en la forma, no constituyen un apartado específico como ocurre en estilos como el Hung Gar Kuen. En el Hung Gar nos encontramos con formas como la de Cinco animales (Ng Ying Kuen) que incluye una secuencia completa de Qí Gong relativa simbólicamente al Dragón que contiene gran cantidad de elementos dignos de estudio, tanto en el plano respiratorio como en el estructural, dinámico y tensional.
En este caso, la contextualización del ejercicio en el plano directo de la técnica y su vínculo con el ejercicio de la forma es mucho mayor que en el caso descrito del Chan Si Gong, en tanto articulamos el conjunto de propuestas internas dentro del ejercicio global de la forma y, por lo tanto, influimos con él en el resto de las secuencias técnicas, en el estado energético del artista marcial, en su nivel de concentración y, entre otros elementos, en la intensidad de foco sobre la técnica que se obtiene partiendo de este principio.
Estos tres modelos son la base sobre la que construimos las propuestas de estudio respiratorio dentro del marco de las formas. Es muy importante fijar cada apartado en un enfoque de práctica que contenga las repeticiones, las intensidades, los complementos y las exigencias de calidad y cantidad que en definitiva cualquier práctica marcial seria nos va a requerir.

Seguiremos en el próximo apartado analizando las fases respiratorias e insertaremos las conclusiones en el contexto de la forma tal y como hemos intentado hacer en esta extensa pero necesaria entrada. 

miércoles, 26 de julio de 2017

Energética marcial. Factores respiratorios específicos en el ámbito del entrenamiento de las formas II

Daoyin Tu (ilustración de los métodos de conducción de energía) dinastía Han occidental (205 aC. a 25 dC.).
Veíamos en nuestra anterior entrada que, debido a los elementos que condicionan la capacidad de desarrollar energía en el Taolu, el entrenamiento debía estructurarse en base a factores de duración, potencia, fatiga, descanso y repeticiones. También apuntábamos a una idea para desarrollar estos elementos de forma extra sesión en un modelo orientativo de unos 30 minutos diarios.
En términos generales debemos plantear la situación partiendo de una idea fundamental en todos los estilos: la energía. ¿A qué nos referimos con energía en la práctica marcial? En el estudio específico que pretendemos debemos comenzar la historia definiendo con de la forma más precisa posible este punto.
El combate, para cualquiera que lo practique habitualmente en términos preparatorios o competitivos, es muy exigente a todos los niveles (físico, mental o emocional). En un combate de dos minutos podemos llegar, con bastante probabilidad, a una situación de fatiga máxima que comprometa nuestra capacidad de continuar compitiendo o simplemente entrenando. De igual forma, la ejecución explosiva de un Taolu durante dos minutos continuos puede generar una situación similar en términos de agotamiento.
Esta situación viene dada por varios factores de gran importancia que nunca debemos obviar, como son nuestras propias capacidades de resistencia, los factores emocionales, los reactivos y los propios de la situación general del momento de la lucha (peso y estructura corporal del oponente, intensidad de sus acciones, características regladas del combate, lugar y condiciones del enfrentamiento, etc.)
Al hablar de energía, por lo tanto, podemos estar refiriéndonos, entre otros aspectos que veremos más adelante, a:
  1. El elemento que nos permite mantener el esfuerzo todo el tiempo que dure la lucha
  2. El factor a través del cual mantenemos intactas nuestras capacidades combativas, como por ejemplo la velocidad, los reflejos, la visión del combate, el desarrollo de estrategia, aplicación de la táctica, uso de la técnica apropiada y, por último y entre otras más, precisión en las acciones de agarre, golpe, barrido, empuje, tracción, etc.
  3. El componente que hace posible realizar cada acción aplicando el máximo posible de fuerza para el momento dinámico en el que nos encontremos. 
  4. El elemento que nos permite llevar la intencionalidad ofensiva del combate en términos de fuerza mental (espíritu de lucha).
  5. Aquello que da firmeza a nuestra estructura ante acciones recibidas, tanto de golpes, de intentos de luxación o de desequilibrio (barridos/proyecciones) entre otros.
Estos cinco puntos orientativos nos muestran una idea del concepto de energía, en el ámbito de la práctica marcial, que tiene muchas formas de ser interpretadas más allá que la visión puramente química del ATP (Trifosfato de adenosina) convirtiéndose en ADP (Difosfato de adenosina) en la mitocondria celular y liberando la correspondiente dosis energética funcional o, finalmente, mecánica.
Debemos optar por un análisis y desarrollo clarificado de nuestras necesidades para poder tener una visión objetiva del proceso, de las necesidades de desarrollo que este tiene en general para, en cada caso, conseguir amplificar al máximo las diferentes capacidades descritas en la lista de cinco puntos que hemos planteado anteriormente.
En cualquier caso, el factor respiratorio es clave para abordar todos estos procesos que, de una forma u otra, tienen lugar en el entrenamiento del Taolu. Debemos igualmente fijar una estrecha conexión entre la parte puramente química del proceso y la estructura neuromuscular implicada que, de otra forma diferente, también utiliza una energética propia en la transmisión y regulación de los impulsos nerviosos del momento. Respiramos para disponer de energía, pero el sistema nervioso es el que manda las órdenes y el que gestiona y optimiza las demandas y vías de aportes energéticos que todo el proceso genera en medio de la acción.
Fuente de imagen sobre sistema nervioso
Nuestras reservas energéticas materiales también tendrán mucho que decir en términos de almacenamiento óptimo de combustibles utilizables para todas estas exigencias. Esto nos obliga a incluir en nuestro modelo general de la preparación energética marcial un análisis determinado en base a los factores propios de la alimentación, algo que abordaremos de forma concreta en futuras entradas de este mismo blog.
Nos encontramos pues ante un panorama que deben cubrir de forma conjunta todos nuestros sistemas, desde el digestivo hasta el respiratorio, pasando por todos los demás elementos implicados tanto a nivel bioquímico como puramente cognitivos. 
En otro ámbito científico bien diferente, el de la MTC, modelo que tiene una enorme influencia en el desarrollo de los estilos marciales que practicamos, se habla de diferentes tipos de energía para la vida.
En el tratado médico Sù Wèn Xuán Ji Yuán Bìng Shì se cita textualmente: «El es el gobernador del cuerpo, la madre del espíritu, el fundamento de las tres potencias, el origen de los diez mil seres, las transmutaciones del Dào». Podemos apreciar en esta definición que, para la teoría de la MTC, el es la energía que da origen a todo el universo manifestado. Todo es de una forma u otra. Lo que entendemos por materia es una forma de más condensada, que pulsa constantemente pasando de a materia y de materia a . Cuando el se acumula aparece la vida, cuando el se dispersa se genera la muerte.
Dentro de esta teoría se considera al en constante movimiento como resultado de la interacción de los pares complementarios esenciales, comúnmente conocidos como Yin y Yang.
Construcción del ideograma Qì
El puede transformarse (Huà) o transmutarse (Biàn) y de esta modulación se genera todo el movimiento se conocemos en el universo, tanto el exterior como el interior.
Desde esta perspectiva, todo lo que hemos visto hasta ahora relativo a conceptos de energía, en la visión china, son diferentes manifestaciones, clasificaciones y transformaciones o transmutaciones del .
Es complejo intentar integrar estas dos visiones, tan aparentemente diferentes, en un modelo de estudio práctico que nos facilite el desarrollo de estrategias metodológicas óptimas para alcanzar nuestros objetivos de desarrollo marcial. Sin embargo, esta aparente dicotomía no es tal si efectuamos una traducción menos simbólica de los términos de los que nos hablan ambos lenguajes.
Para la MTC la fuente energética inicial del individuo es el Yuán Qì. Es el que recibimos de nuestros padres y que se genera en el Jing de sus riñones por el fuego ministro (yang verdadero). Podemos claramente hacer una correlación entre este Yuán Qì y la constitución inicial del individuo, su herencia genética.
El Yuán Qì es, por lo tanto, un tipo de energía heredada y, a la vez, adquirida y transformada por nuestra respiración y alimentación después de nacer. Estas dos vías, respiración y alimentación, quedan definidas por dos modelos de diferentes en MTC que son Gu Qì, que es la energía que extraemos de los alimentos (ver vías metabólicas) y Qing Qì, que es la energía que extraemos del aire (respiración).
Canales Ren Mai y Du Mai en el modelo de órbita microcósmica
En el ámbito de la práctica marcial china, el trabajo sobre el se denomina Qi Gong (ver artículo sobre fases de trabajo en el Qí Gong). Definir el Qi Gong como trabajo con la energía, además de ser una mala traducción directa, puede inducir a error en cuanto a nuestros procedimientos para facilitar nuestra capacidad de acción indirecta sobre el . No podemos tocar el pero sí podemos establecer condiciones que faciliten su circulación, su transformación, su transmutación y su acumulación, o dispersión, según sea la intención que nos mueve a este ejercicio sutil.
Todo el proceso comenzará en un acto de fe de difícil aceptación por los no iniciados realmente en el arte. Si le decimos a alguien que con el entrenamiento oportuno podrá subir una cuerda colgante vertical de cinco metros, difícilmente lo creerá de partida hasta que no vea que ha conseguido, por lo menos, mantenerse colgado de ella simplemente con sus brazos. Esta fe en la posibilidad de lograrlo es lo que justifica su insistencia en algo que le parecerá inicialmente imposible.
En la práctica del Qì Gong ocurre exactamente lo mismo. En ella se conjugan el gesto respiratorio y la acción motriz como fuente de futuras sensaciones inicialmente inexistentes. Evolucionará de forma progresiva hacia una sensibilidad cada vez mayor a las reacciones internas de nuestro cuerpo durante el ejercicio de sus propuestas psicofísicas. Estas sensaciones, claramente percibidas, nos permitirán desarrollar de forma progresiva la capacidad de acción de nuestra mente sobre el flujo, dispersión y condensación de este movimiento sutil del que apenas tenemos referencias sensitivas en el mundo ordinario.
Trabajar sobre el es desarrollar la capacidad inicial de escucharlo antes de generar sus modulaciones.
Este concepto está absolutamente integrado dentro del modelo de ejecución de los Taolu que los contienen de una forma inicial menos significativa (formas básicas) y de una forma avanzada mucho más relevante (formas superiores).
El movimiento y la respiración, por lo tanto, se unifican dentro del ejercicio para afectar al movimiento energético según la teoría de la MTC. Cada técnica, correctamente ejecutada y con la respiración oportuna, tiene una acción indirecta completa sobre la estructura bioenergética (en su visión como dentro de la tradición). A su vez, esta integración dentro del ejercicio, tiene repercusiones sobre nuestra operatividad durante el mismo, nuestro desarrollo sensitivo profundo, nuestra capacidad de concentración global y, sobre todo, nuestra capacidad de desarrollar fuerzas de difícil adquisición en ejercicios exclusivamente estructurales.
El Qì Gong, por lo tanto, es un factor clave que incluir progresivamente en el estudio, práctica y desarrollo de los Taolu para garantizar esta adquisición energética que hemos planteado desde el principio. No debe preocuparnos cómo se plantea la estructura motriz en los ejercicios de Qì Gong ya que nos vendrá dada por el análisis detallado de los parámetros anatómicos y direccionales de la forma. Sin embargo, la respiración sí requerirá el desarrollo de una filosofía de aplicación oportuna y de concreción muy precisa de gestos que deben ser estudiados bajo la supervisión y guía de un maestro realmente experimentado en este campo. Jugar con la respiración es peligroso si no disponemos de una conciencia clara de a dónde apunta realmente este trabajo y cuál es la forma óptima de desarrollarlo.
12 puentes del estilo Hung Gar Kuen
Llegados a este punto podemos fijar las líneas sobre las que evolucionará nuestra visión del entrenamiento de las formas, tanto para fijar objetivos ,como para justificar la cantidad de entrenamiento que debemos destinar a este apartado, en ambos casos basándonos en la visión de la MTC y la lógica del entrenamiento deportivo que nos muestra la ciencia occidental:
  1. Necesitamos energía para poder aplicar nuestras acciones, mantener y desarrollar nuestras capacidades y hacerlo con la máxima fuerza posible.
  2. Esta energía tiene que ver con nuestra constitución, nuestra respiración y nuestra alimentación, entre otros factores generales no menos influyentes.
  3. Necesitamos garantizar la adquisición, distribución y mantenimiento de esta energía lo que dure el momento de acción y de forma continua para el desarrollo de nuestro entrenamiento, lo cual garantiza el perfeccionamiento de la técnica.
  4. Debemos evitar la fatiga provocada por la falta de energía en cualquiera de los tres planos (físico, mental y emocional).
  5. Necesitamos que la adquisición, desarrollo y acumulación de esta energía sea compatible con nuestra longevidad y nuestra salud.
Estas 5 premisas fundamentales pueden ayudarnos a fijar los objetivos concretos del entrenamiento para desarrollar y garantizar la progresión del estilo hasta nuestros límites naturales, unos límites que van mucho más allá de lo que imaginamos inicialmente.
En la próxima entrada comenzaremos a fijar de forma detallada nuestro modelo de entrenamiento de la forma en base al tipo de respiración (fundamentos estructurales y fisiológicos básicos), fases (análisis del gesto respiratorio general) y sonorización (aplicación de todos los principios respiratorios a la gestión de los sonidos propios del estilo).