miércoles, 25 de abril de 2018

Cómo hacer un Diario de entrenamiento marcial. Segunda parte.



En nuestra anterior entrada vimos lo que es en esencia un diario de entrenamiento. Nuestra propuesta es siempre la de captar el mayor volumen de información útil posible. No hace falta registrarlo todo palabra por palabra. Es más, realmente debemos fijar en nuestro diario solo aquello que ha significado algo para nosotros.
El proceso es fácil si somos capaces de implementarlo correctamente. La funcionalidad del diario dependerá de que este se ajuste realmente a nuestras necesidades y, sobre todo, a nuestras inquietudes de progresión y conocimiento.
En esta segunda entrada queremos fijar la estructura interna de esta herramienta, explicar de qué elementos se compone y qué utilidad puede tener cada uno de ellos para nuestro aprendizaje.
La estructura de un diario de práctica marcial
En primer lugar tenemos que apostar por la simplicidad. Pero simplificar no significa reducir, significa ajustarse a lo realmente imprescindible y hacerlo de la forma más concreta que podamos.
En ese sentido, cualquier adorno o complejidad añadida al documento será, cuando menos, un motivo para dejar de utilizarlo en un futuro inmediato.
Por lo tanto, y desde esta premisa de simplicidad, proponemos estructurar el documento en tres partes fundamentales:
  • Registro diario de sesión
  • Registro semanal de entrenamiento
  • Registro mensual de entrenamiento

Cada uno de estos apartados estará sujeto a un tipo de organización interna distinta. Su detalle debe acomodarse a los periodos temporales específicos de cada uno, así como a los conjuntos de información que aglutinan. Veamos a qué nos referimos.
En el registro diario de sesión incorporaremos toda aquella información e impresiones, relevantes para nosotros, que hemos retenido después de la jornada de entrenamiento. Es el registro que más veces abordaremos y sobre el que más productividad podemos obtener en nuestro día a día. Al margen de cuántas sesiones tengamos a la semana, o cuántas horas entrenemos, en cada registro diario expondremos aquellas preguntas y respuestas que nos ha regalado el entrenamiento. Es muy importante, por lo tanto, que nuestra actitud de entrenamiento incluya la necesidad de atender y percibir con claridad las explicaciones que otorga el profesor. Igualmente importante será recoger aquellas cuestiones que nos surjan relacionadas con la temática o ejercicios abordados.
El registro semanal de entrenamiento nos permitirá recoger nuestras impresiones globales de la semana, nuestra consecución de objetivos prefijados y, también, enfocar los que establezcamos personalmente para el siguiente ciclo semanal. Tener el momento de reflexionar sobre lo que hemos trabajado a lo largo de la semana, dentro y fuera de las sesiones, nos va a permitir poner el acento en aquello que queremos explorar con más detalle en el siguiente periodo.
En el registro mensual de entrenamiento iremos volcando nuestras impresiones reales de progresión, así como nuestra evolución en los diferentes estratos que forman la práctica marcial: mejora de cualidades físicas básicas, mejora de habilidades básicas y técnicas, aprendizaje de nuevos elementos técnicos, tácticos o estratégicos, etc.
Coger la inercia de cumplimentar estos tres modelos de información, durante todo un mes de entrenamiento, cambiará completamente la percepción de lo que hacemos. Nos permitirá ver que el proceso en el que estamos inmersos es mucho más complejo y a la vez interrelacionado de lo que nos parece a simple vista de sesión.
La práctica marcial engloba muchos campos, muchas franjas interrelacionadas que no podemos ver desde una distancia reducida. Es preciso alejarse en el tiempo y en el espacio para tener una visión crítica real de todo lo que estamos haciendo; también, de cómo vamos transformándonos en el transcurso de un periodo tan corto de tiempo como puede ser un solo mes.
Una vez que hemos desarrollado este hábito, una vez que hemos experimentado el resultado de un mes de registros, de reflexiones, de trabajo al detalle sobre nuestros sistemas, no solo mejorará nuestra motivación por el entrenamiento, nos empujará a no querer dejar de desarrollar una visión más profunda y sincera de la práctica.
En la próxima entrada te daremos algunos consejos prácticos para comenzar a trabajar de esta forma partiendo de este documento personalizado.

jueves, 19 de abril de 2018

Cómo hacer un Diario de entrenamiento marcial. Primera parte.



En nuestro manual de iniciación a la práctica marcial tradicional china hablamos siempre de la necesidad de crear un diario de práctica. La utilidad de esta herramienta para el aprendizaje está fuera de toda duda; sobre todo si pretendemos incorporar el conocimiento adquirido a partir de las sesiones de práctica en nuestras rutinas vitales permanentes.
Tomar notas es una forma natural de asentar conocimiento, de fijarlo en un medio externo al que podamos dirigirnos para gestionar, correctamente, el enorme flujo de información que genera cada sesión de entrenamiento.
El entrenamiento es una experiencia directa en la que intervienen numerosos factores. Nuestra capacidad cognitiva, nuestra memoria, nuestra retentiva de conjunto, no siempre organiza de una forma efectiva todo el grueso entrelazado de información. Es preciso captarla, generar un mapa de ideas de cada sesión del que extraer posteriormente las claves que hemos conseguido aprehender.
La labor docente es mucho más compleja cuando el alumno no conoce el correcto método de aprendizaje de puertas para afuera. En los tiempos que corren, los profesores, tenemos la obligación de abordar este apartado de la enseñanza por más que a algunos les cueste. El alumno debe saber cómo gestionar la información que obtiene en cada sesión, debe saber cómo fijarla, debe adquirir las destrezas oportunas para que no caiga en saco roto nada de lo que ocurre en esa importante inversión de tiempo que realiza.
Por este motivo, hemos iniciado esta secuencia formativa de tres módulos, en la que describiremos qué es un diario de práctica, cómo se construye, cuál es su utilidad inmediata y futura, de qué elementos clave se compone, cómo se organiza internamente para que podamos acceder a la información con facilidad, con capacidad de relacionar los contenidos y como eje de nuestro estudio personal del arte y, por último, cuál es el procedimiento óptimo de cumplimentación y consulta posterior.
Una vez terminadas estas tres semanas de lectura, colgaremos en nuestra Web el Diario personal de entrenamiento de nuestra escuela, en formado Pdf, para que todos los interesados puedan imprimirlo y disponer de esta interesante herramienta de conocimiento que no todo el mundo conoce.
¿Qué es un diario de práctica?
Fundamentalmente es una libreta en la que registramos lo que ha ocurrido en la sesión y que resulta relevante para nosotros. Intentamos también sintetizar en él los elementos trabajados, nuestras impresiones y sensaciones, nuestro nivel de esfuerzo y muchos otros elementos que iremos detallando en los subsiguientes apartados de esta serie.
Es importante que no veamos su cumplimentación como una tarea más, como los dichosos deberes de la escuela, sino como un modo de afianzar los conocimientos y experiencias del día, de fijarlos en nuestra memoria para poderlos interiorizar de una forma más directa y eficaz. 
Un rato tranquilo en la noche o la mañana, después de la clase, es el momento ideal para iniciarlo, aunque su cumplimentación está abierta siempre entre sesión y sesión. Cualquier momento en el que una idea relativa a la práctica aflora en nuestra mente, es un buen momento para registrarla antes de que la olvidemos.
Por otro lado, disponer de este registro de información tan personalizado, nos confiere una visión en el tiempo de lo que ha sido nuestra trayectoria en la práctica. Amistades, singularidades dentro de cada interacción, nuestras primeras impresiones en el combate, el primer curso que realizamos, etc., son elementos que a futuro serán, cuando menos, emotivos en su lectura.
También es un instrumento óptimo para comenzar a presentar preguntas de calado relativas al arte. Cuestiones que no surgirán sin una reflexión previa sobre lo aprendido y lo explorado en el ámbito de la práctica. Es una ayuda inestimable para el profesor que el alumno acuda a las sesiones con las cuestiones relativas a su reflexión sobre las sesiones anteriores, sobre su progresión, su impresión directa a modo de feedback de lo que va sintiendo en el camino.
En la próxima entrada veremos los detalles de contenido y organización del diario, así como los elementos clave iniciales de los que se compone, elementos que pueden siempre ser personalizados desde la perspectiva y necesidad individual de cada practicante. No os lo perdáis.

martes, 3 de abril de 2018

La ley del máximo esfuerzo

Jarrón griego con corredores en los juegos panathenaicos, ca. 530 a.C.


La razón por la que las personas fracasan realmente no es porque pusieron sus metas muy altas y no llegaron, sino porque las pusieron muy bajas y las alcanzaron 
(Jordan Belfort)

Mucho se ha especulado sobre la afirmación del célebre naturalista Jean-Baptiste Lamarck de que «la función hace al órgano». Los más férreos detractores insisten en utilizar la idea de que por mucho que insistamos en batir los brazos difícilmente nos van a crecer las alas.
En el ámbito de las artes marciales no podemos cercenar esta afirmación de forma tan tajante. Personalmente me gusta matizar la afirmación partiendo de otra lógica diferente. Para mí «el contexto permite la evolución de singularidades afines a él» y creo que el sentido común me apoya por completo en esta afirmación. No nos saldrán alas, pero en una catástrofe como la de la extinción de los dinosaurios, solo se salvaron aquellos que las tenían. Los que las tenían más fuertes sobrevivieron mejor que los que se agotaron en el vuelo. Los que volaban a más altura eran más difíciles de cazar. Podríamos seguir así hasta dar con uno de los pájaros que aparecen en nuestros cielos en estos momentos.
Quizá es preciso no apartarse de la idea evolutiva y de cómo los órganos se mejoran con la actividad y se afinan mejor dentro de su margen biológico de progreso. Un brazo no nos hará volar por más que lo agitemos, pero seguramente un brazo más rápido podrá parar mejor aquello que está a punto de impactar en nuestra cara.
Por lo tanto, debemos dirigir el foco a cómo evolucionan nuestras capacidades con aquello que nuestra singularidad nos ha otorgado. Nacemos con elementos bastante semejantes en cuanto a función, pero con diferentes niveles de operatividad que suelen mejorar en el transcurso de la vida.
Sin embargo, en nuestra sociedad actual parece que hemos olvidado esta pequeña premisa adaptativa. Nos estamos centrando en un factor deteriorante clave de lo que será, en el futuro, el ser humano. Hemos creado un mundo, una sociedad, en la que las exigencias para sobrevivir ya no son las mismas que las de la época de los neandertales.
Esto dirige la línea evolutiva humana en una dirección incuestionable. El contexto ha cambiado tanto que tiene más capacidad de supervivencia el individuo cuya espalda aguanta más horas sentada sin romperse, el que sus ojos permiten una mejor adaptación a las pantallas, el que su cabeza gestiona abstracciones de locura o, por qué no, el que no tiene el más mínimo escrúpulo en derribar de cualquier forma (administrativa, política o social) al que interfiere en su camino hacia el poder.
Algunas de estas cosas han estado en otras épocas, pero en esas épocas seguíamos necesitando andar, caminar largas distancias, levantar pesos importantes, soportar el frío, defendernos, y un largo etcétera en el que no me extenderé.
Nuestra estructura funcional se transforma y no lo hace a mejor. Cambian nuestros hábitos y el contexto se modula para generar potencialidades en una dirección, y déficits en otra. Algunos pueden decir que no pasa nada, que la historia se escribe de esta forma, que si la situación es diferente haremos cosas diferentes.
Esto estaría muy bien si el contexto que estamos planteando fuese afín a la naturaleza que permitió nuestra evolución hasta ahora. A mí me da la impresión de que estamos creando un mundo que podrán heredar solo unas máquinas que, quizá, dentro de 10.000 años se estén haciendo las mismas preguntas que nos hacemos nosotros en la actualidad.
Si el contexto no es afín con el sentido humano, simplemente acabaremos desapareciendo.
Olvidamos que nuestro cuerpo y nuestra mente no van por libre. Son elementos indivisibles de algo mucho más profundo y sutil, me refiero al espíritu. El espíritu humano es el gran perjudicado de esta visión materialista del individuo, una visión reduccionista que nos asemeja a máquinas ensambladas por no se sabe quién.
Toda nuestra actividad nos conforma. Los músculos, los huesos, el tejido adiposo, la piel, cada célula de nuestro cuerpo está por algo y con una funcionalidad específica que tiene su sentido de contexto.
Estamos derivando a máquinas nuestras capacidades de movimiento, de pensamiento, de memorización, de creación, de defensa, en definitiva, hemos cedido nuestro potencial de adaptación a través del esfuerzo para apostar todo al rojo de la comodidad.
Y esto, por desgracia, nos debilita como especie. Como especie que ya no lucha con los tigres y leones, no, a estos los exterminamos. Ahora luchamos contra virus y bacterias que se encuentran con cuerpos que pierden progresivamente su capacidad de lucha y adaptación. Quién sabe, a lo mejor estos virus son los vigilantes ocultos que controlan que no nos salgamos en exceso de la vía.
No paran de decirnos que hacer deporte nos mantiene más sanos, que con actividad física se reducen las enfermedades y las dolencias. Empezamos a ver el deporte y la actividad física como una forma de medicina olvidando que, en esencia, son nuestra razón de ser.
Debemos ser activos para ser plenos. La actividad física no es un medicamento, es nuestra naturaleza. No podemos cederla, no podemos donarla a una máquina para que imprima en tres dimensiones lo que la pantalla nos propone diseñar a base de coordenadas y de números.
No podemos dejarnos arrastrar por la nefasta comodidad y esperar las píldoras resolutorias de todos los problemas que esto acarrea. Hay que vincular nuestra salud a nuestra voluntad de ser humanos, activos, pensantes, reflexivos y creativos. No sólo a través de lo que un programa informático nos permite proyectar, también desde el tacto de maderas, barros y metales. Desde nuestra capacidad de darles forma con las manos para que nuestro cerebro recoja las sensaciones y articule su propio conectoma neuronal.
No podemos debilitarnos tanto que lleguemos a depender de máquinas para algo tan simple como existir sin competencias naturales exógenas. Ahora es el momento de hacerse estas preguntas y ver qué queremos transmitir en la línea de la vida.
Si nuestra herencia final son un montón de circuitos alimentados por energía solar moviéndose por el universo sin la guía del espíritu, si eso es lo que queda de nuestra trashumancia existencial, quizá no merezcamos seguir desarrollando nada de esto. La única opción es mantener nuestra especie fomentando el esfuerzo, la autosuficiencia, ayudarnos de máquinas en aquello que exceda a nuestras capacidades sin cederles ni un gramo de aquello que nosotros, simples humanos, podemos asumir con nuestro esfuerzo, el verdadero e indiscutible motor de lo que somos.